miércoles, 23 de enero de 2013

una boda, pensamientos de una soltera

En estos días he estado haciendo unas ilustraciones para las tarjetas de una boda. El concepto es de la novia: Jesús y el novio esperan a la novia bajo un hermoso árbol que sirve de altar. (Les dejo aquí algunas imágenes)

Mientras dibujo pienso en muchas cosas, por ejemplo en mi soltería, creo que no la he "podido" disfrutar como debería por la presión social que ejercen otros sobre mi futura boda.


Mis padres, amigos y aun recién conocidos quieren dar su opinión frente a un estado civil que no ha sido, digamos, opcional y la ya común pregunta o mejor aun la clichesuda frase "este año sí" van cansando mis oídos mientras mi inteligencia y mis corazón, mas despierto a la voz de Dios, me aterrizan y centran.



Quiero decir, yo sé que en algún momento me casaré; pero me he afanado, frustrado y amargado demasiado mientras llega ese momento, y me he dado cuenta que esa frustración no ha sido generada por un real deseo obsesivo de tener un esposo sino mas bien por "la necesidad" de cumplir un requisito que la sociedad espera que cumpla, de la misma manera que espera regir mi peso, mi situación financiera y laboral y los demás estados de mi vida.


Pero la cuestión es que cuando estoy a solas y pienso en esto, sin escuchar ninguna otra voz mas que la de mi corazón (en donde, claro, habita Dios) llego a una conclusión: soy feliz. Soy feliz tal y como soy y estoy, estar completa no depende de tener un esposo o un novio, mi felicidad depende de la presencia de Dios en mi vida, de la realización que me brinda hacer lo que amo y de ser quien soy, sin más ni menos.


Un esposo significa una bendición, no un pulmón. Creo que por eso tantos matrimonios fracasan, esperan demasiado olvidando que solo Dios puede ser ese todo que desean de otro ser humano. La vida es tan maravillosa, tiene tantas aventuras y colores y olores y risas, y siempre hay uno para compartirlo todo, y no solo hablo de Dios, sino de quienes El pone a tu lado: tu familia, tus amigos, tus colegas...

Así que yo, esperaré mi bendición, pero mientras tanto reire y cantaré, viajaré, soñaré y seré feliz porque En Cristo estoy completa y no desperdiciaré esta bella aventura creyendo que mi vida no ha comenzado por no estar casada.

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